14-12-2015
La maldita vara de los workaholics

A las organizaciones modernas les falta algo. En ninguna de las compañías más importantes existe una comisión de defensa a la competencia. Que nadie pierda tiempo, no la van a encontrar. "Es necesario una comisión que nos defienda. Estamos desamparados", dice con los hombros caídos el Gurú de la cortada de la calle Estomba.

La solución que propone el hombre es simple: una suerte de oficina que lleve la voz cantante a la hora de defender a los desamparados empleados que tienen que competir con sus compañeros llamados workaholics.


Los adictos al trabajo no sólo son un problema, sobre todo para ellos, sino que generan a su alrededor un clima lejos de ser virtuoso. Alejandro Melamed, consultor de estrategia en recursos humanos y autor del libro Historias y mitos de la oficina, comenta que en las empresas modernas ya no están bien vistos estos personajes. "No sólo que no están bien vistos, sino que son rechazados en las organizaciones", aclara.

Melamed dice que las razones por las que ya no son tan cotizados como antes estos muchachos o muchachas adictas están en las nuevas aptitudes que se requieren para el trabajo. "El principal problema que tienen es que no tienen vida más allá del trabajo, entonces, ¿de dónde van a sacar las ideas que es lo más valioso que se puede dar a una empresa?", dice Melamed.


El término workaholic o trabajólico surgió en 1971 cuando el psicólogo estadounidense Wayne Oates habló de su adicción y lo asimiló con la dependencia al alcohol. Sin embargo, nadie, o pocos mejor, lo reconoce como una enfermedad. "El primero que lo debe reconocer es el propio adicto, aunque pocas veces lo hace", dice Melamed.

Los problemas que acarrean en las organizaciones son complejos. Estos enfermos de trabajo suelen dejar la vara muy alta para los demás. Un ejecutivo de finanzas de una corporación dedicada a la venta de electrónica reconocía que alguna vez uno de los jefes padecía esta adicción, por suerte lejana a otras que padece este cronista. "Nos volvió locos durante años. Llamadas, mensajes todo el tiempo. Era una pesadilla llegar y el tipo estaba ahí, y que llegue la hora de irse y nadie se movía por temor a las reprimendas. Todo se agravó por los avances de la tecnología", cuenta. Recuerda que hubo algunas renuncias y muchas charlas con los oídos prestos de la gente de recursos humanos.

Click Aqui
Dice Melamed que lamentablemente, las empresas suelen hacer oídos sordos cuando se topan con estos empleados. "Es que le son funcionales. Hasta en Google pasa, les ponen metegol o toboganes, pero están 20 horas en la empresa", dice.

Quizás en favor de la mayoría que no tiene esta adicción esté la nueva manera de medir la productividad que tienen las empresas actualmente. "Se lo voy a decir elegantemente -dice el Gurú-. ¿Se acuerda del índice 'cola' en silla? Bueno, ya no va más. Ahora sirven las ideas que cada uno trae y para eso no cuenta estar sentado." Todo muy lindo, pero mientras existan, la vara la manejan ellos.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1853417-la-maldita-vara-de-los-workaholics

Sebastián Adaniya

DEJA TUS COMENTARIOS

comments powered by Disqus